lunes, 24 de noviembre de 2014

Sobre volver.

¿Cuanto tardamos en olvidar a alguien? ¿Cuando creemos que estamos listos para empezar de nuevo? ¿Cómo es salir a las pistas? ¿Se puede volver a pensar en el amor después de un rompimiento?
No tengo la respuesta a ninguna de esas preguntas. Pero si les puedo contar una historia que me contaron de un chico que lloró casi hasta ahogarse y después perdonó. Perdonó todo lo malo, y se acordaba sólo de los buenos momentos que habían vivido. Él quería de verdad ser una mejor persona, intentar progresar, madurar. Encontró hobbies, nuevos libros, películas, chistes que hacía con su familia. Conoció nuevos amigos con los que disfrutaba tardes enteras en alguna plaza o caminando sin rumbo. Fué curioso y encontró lugares en la ciudad donde podía sentarse a tomar un café sólo y no se sentía incómodo. Se reencontró con personas que le hacían recordar quién era realmente. Empezó a saber de nuevo qué cosas le gustaban y cuáles no. Pasó noches enteras en vela escribiendo y leyendo todo lo que le hacía pensar en otros mundos e historias. Dejó de sentir dolor y puso un poco más de color a su vida.  Salía a correr dos veces por semana, leía dos horas al día y visitaba siempre que podía un lugar nuevo. Aprendió a cocinar otras cosas para sus amigos y abrazó fuerte a su familia más seguido. Adoptó un gato y se encargó de que crezca sano. Compró una bicicleta, tiró toda la basura que había acumulado y cambió el corte de pelo. Se sentía feliz, se sentía pleno. No más días tristes para él. No más melancolía. Todo era bello y había allá adelante esperanza de seguir. Nada se había acabado, todo estaba comenzando. Pensaba que la vida le estaba mostrando que habían más oportunidades. Que por más que hubiera cometido errores siempre había opción de ser mejor. Que podía aprender y pedir disculpas. Soltar el odio y ser amoroso. Los recuerdos que tenía eran agradables. Pero ya no tenía oportunidades de volver con quien él había soñado un futuro. Hasta que un día, su teléfono sonó y tomaron un café y dijeron que se querían. Que iba a ser muy difícil pero que los sentimientos estaban ahí. Que iban a estar en contacto. Que se perdonaban. Hasta incluso se besaron. Pero mis amigos tengo que contarles que este muchacho quedó con ilusiones otra vez. Pensó otra vez cuántos viajes harían, cuántos regalos vendrían, cuantos besos bajo la lluvia revivirían. Creyó que nada podía ser mejor, una vida nueva, una nueva oportunidad llena de cosas por hacer. Unas ganas que no le entraban en el pecho. Pero no. No era así. No iba a cambiar nada entre ellos. "Sólo era para saber cómo estabas" respondió. Nada iba a ocurrir. Sólo estaban jugando otra vez con él. Sólo quería saber si estaba ahí esperando, o ya se había ido. El muchacho volvió a llorar. Volvió a creer que nada valía la pena. Que nunca más creería una palabra. Que habían jugado con sus sentimientos otra vez. Que ya no volvería a creer. Y no supo qué más hacer. Pudo, solamente, abrir su cuaderno, escribir y tomar una taza de café con leche.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario